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Al norte de Francia se encuentra la ciudad de Lille

Un fin de semana en Lille

La gente en el norte de Francia es conocida por ser especialmente amable y amistosa, y ese fue el caso de hecho durante mi fin de semana en Lille.

Situada a 219 kilómetros al noreste de París, la ciudad de Lille es parte de la región Nord-Pas de Calais de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Históricamente una ciudad industrial, Lille es ahora más conocida como ciudad con gran población estudiantil, con un centro histórico y comercial muy lindo y un ambiente cultural agradable.

Como mi tren provenía de Bélgica, mi destino en Lille fue la estación de tren de Lille-Flandes, en el centro de la ciudad. Desde allí, tomé el metro con mi amiga –que me esperaba en Lille- para dejar mi equipaje en su casa. Para esto, y siguiendo sus recomendaciones, compré un pase de metro por el día, que es muy fácil de hacer rendir. Para abril de 2011, el costo del pase diario es de 4 euros, y tiene una duración de 24 horas. Los boletos individuales cuestan € 1.7 cada uno y los pases semanales cuestan entre 7 y 12 euros, dependiendo de su edad.

En una tarde de paseo por la ciudad, visitamos la plaza principal o “Grand Place”, que en Lille es llamada Place du Général de Gaulle. En realidad, Charles de Gaulle nació en Lille en el año 1890 y la casa donde vivía, en el número 9 de la Rue Princess, es actualmente un museo, el Musée Charles de Gaulle. Sus recuerdos de la familia y piezas de mobiliario buscan recrear la atmósfera del hogar en el momento en que de Gaulle nació.

La Grand Place es bonita, rodeada de coloridos edificios de arquitectura flamenca y con su centro en una fuente, “la Grande déesse”, con la estatua de una diosa. La plaza se encontraba, este fin de semana de mi visita, en obras de reparación, por lo que no pude verla en todo su esplendor.

Desde allí nos dirigimos a Vieux Lille, el área más antigua y más bonita del centro de la ciudad, con una hermosa arquitectura, una gran cantidad de terrazas en las que tranquilamente se puede disfrutar de una bebida o una comida, tiendas de diseño y calles empedradas.

Después de un fallido intento de entrar en la iglesia de Santa Catalina –no pudimos encontrar la entrada- nos acercamos a la zona de La Ciudadela, la antigua puerta de la ciudad, donde tomamos un paseo en un parque cercano.

Por la noche, nos dirigimos hacia la Rue Solferino, donde disfrutamos de los diferentes tipos de cervezas –casi siempre belgas- en un bar y un club de baile. Los franceses son muy divertidos cuando salen. Sus clubes se encuentran libres de humo en su mayor parte, pero cuentan con una especie de “pecera” o sala específicamente determinada, donde se reúne la gente a fumar.

El fin de semana en Lille fue mayormente soleado, así que pasamos la tarde del sábado almorzando –con retraso- en una terraza en la plaza Rihour, después de lo cual nos trasladamos a Vieux Lille para tomar un chocolate caliente y, posteriormente, cócteles sin alcohol. Me daba un poco de miedo tomar el metro por mi cuenta a la media noche y yendo en el largo trayecto hasta la Cité Scientifique, pero todo salió bien.

El domingo por la mañana fue nuestra oportunidad de visitar el Marché de Wazemmes, un gran mercado o feria al aire libre, adyacente y plenamente integrada al mercado original, bajo techo, en el que se puede comprar casi cualquier cosa que se pueda imaginar: desde frutas y hortalizas, pasando por utensilios de cocina, zapatos y ropa. Llovió la noche del sábado, pero el sol volvió al mediodía del domingo, por lo que pudimos relajarnos en una terraza en un lado del mercado mientras decidíamos qué hacer a continuación.

Dado que era el primer domingo del mes, cuando los museos nacionales son gratuitos en toda Francia, mis amigos locales decidieron que era buena idea visitar el Museo de Bellas Artes. Se trataba de un hermoso edificio frente a la Place de la République, que muestra piezas de arte europeo de los siglos 15 a 20. Pero mi pierna izquierda me dolía desde el viernes, y lo que resultó ser una tensión muscular no me dejó disfrutar plenamente de la visita.

Las últimas horas de mi fin de semana en Lille las pasé junto a la fuente en la Plaza de la República y en una de las terrazas cercanas. Muchos de los lugares estaban cerrados por ser domingo, para contrastar con la imagen de los movidos sábados en el centro de Lille, pero aun así fue muy agradable.

Después de las debidas despedidas en las estaciones de metro y tren, tomé mi tren de regreso a Bélgica. Las imágenes de la hermosa Lille quedaron grabadas en mi mente, asegurando un viaje de regreso muy alegre.

 

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