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Ámsterdam, una pequeña gran ciudad

La característica principal de Ámsterdam es que es una ciudad fácil de comprender. Ámsterdam no es una ciudad grande, sino que se puede recorrer fácilmente en bicicleta, o incluso a pie. Si se incluye en esta enumeración la posibilidad de tomar el tranvía, o de utilizar un bote o barcos para navegar por el cerca de 25% de la ciudad que consiste en los canales, se dará cuenta de lo fácil que es encontrar su camino en Ámsterdam.

Durante mi primer día, sin embargo, me decidí a hacer un tour guiado a pie en Amsterdam y aprender lo básico sobre esta hermosa ciudad. Ya había estado en Ámsterdam con anterioridad, pero ya hacían un par de años de esta visita, y no tenía los recuerdos ni la orientación básica en la ciudad tan frescos en mi memoria.

Amanecer en el hotel barco fue una experiencia agradable. El suave movimiento del barco sobre el canal me había permitido una noche de buen descanso. Luego de disfrutar de un buen desayuno en la cubierta del barco intenté, sin éxito, reservar entradas para visitar la Casa de Ana Frank esa misma tarde. Era un fin de semana largo en Holanda –con el día jueves festivo- y, por lo tanto, todas las plazas estaban llenas en las reservas que el sitio web permite. Todavía existía la posibilidad de visitar la Casa de Ana Frank de todos modos, pero no había forma de evitar la frecuenta y muy larga fila para sacar las entradas aunque –como indica el propio sitio web -, la fila es menor si se visita temprano en la mañana o luego de las 6 de la tarde. Convenientemente, la Casa de Ana Frank cierra cada día a las 21 horas.

En general en Ámsterdam, así como en algunas otras ciudades europeas –Londres la que viene a mi mente en este momento-, lo mejor es reservar con antelación las visitas a museos y otros lugares de interés. En Ámsterdam esto no significa un ahorro de dinero, dado que el precio del ticket online es igual al del ticket comprado en el propio lugar. Sin embargo, usted ahorrará mucho tiempo esperando en fila, dado que las atracciones turísticas en Ámsterdam tienden a ser muy concurridas durante el día.

Volviendo a mi primer día en Ámsterdam, caminé hasta la Estación Central de trenes de la ciudad, que solo estaba a unas 10 cuadras de mi barco hotel, y esperé en el punto de encuentro de la recorrida guiada, marcada en frente de la Oficina de Información Turística, ubicada frente a la puerta principal de la Estación. Nuestro guía arribó puntualmente, a las 11 de la mañana, y dio comienzo a este tour que tendría una duración de cerca de 3 horas.

Se trataba de uno de los tantos recorridos y tours “gratuitos” que se ofrecen en varias ciudades de Europa. La lógica: usted no paga su tour por adelantado, sino que lo hace tan sólo después de tomar el tour. Los guías son, en la mayoría de los casos, personas que no pertenecen a ese país o ciudad, extranjeros, pero que desde hace unos años viven allí por el motivo que sea. En esta ocasión, sin embargo, nuestro guía no era residente de Ámsterdam sino de La Haya, pero había vivido mucho tiempo en Ámsterdam y gustaba de viajar a diario a dar este tour.

El relato de estos tours es a la vez divertido e interesante, por lo que resulta muy fácil de seguir. Después de la recogida en el punto de encuentro frente a la Estación Central, iniciamos el recorrido – disponible en inglés, pero también en español y quizás incluso en otros idiomas – en la Plaza Dam. Desde allí caminamos con nuestro guía visitando los principales canales y monumentos, las casas en que solían vivir ocupas cuando la ocupación era legal en Ámsterdam, el mundialmente famoso barrio rojo, las más importantes iglesias de la ciudad –y sus curiosas historias-, los mercados, las “cafeterías” en que se vende y consume legalmente la marihuana, una tienda de famosos quesos holandeses, los baños públicos y sus orígenes, el Begijnhof, los museos. En otras palabras, durante este tour aprendimos –o en mi caso re-aprendimos – todo lo que se necesita saber acerca de Ámsterdam, su pasado y su presente.

Dadas las tres horas de duración del tour en Ámsterdam, que incluían la hora del almuerzo, Realizamos una breve parada poco antes de la 1 pm en DamSquare. Allí se nos indicaron diferentes lugares en los que adquirir un almuerzo liviano, un sándwich, un bocadillo o un café. Procurando probar un sabor local, elegimos un stand de comida rápida FEBO (disponible en varios lugares de Ámsterdam). FEBO ofrece salchichas, hamburguesas, croquetas y bocadillos a un precio económico. Por lo general puede adquirir cualquier bocadillo con una moneda de dos euros, aunque los hay de hasta 3 euros, y algunos a partir de un euro. Cuando usted inserta la(s) moneda(s) en la ranura del bocadillo de su elección, se abre una pequeña ventanilla y se le permite tomar el producto. Una vez cierra y tranca la ventanilla, se repone el producto en la ventanilla que ha quedado vacía. Hamburguesas, panchos, croquetas y bocadillos de pollo son algunas de las opciones disponibles. En mi caso, elegí una hamburguesa de pollo para engañar a mi estómago durante el resto del tour.

La caminata por Ámsterdam terminó poco más de las dos de la tarde y muy cerca de la Casa de Ana Frank. Yo había estado allí antes, pero acompañé a mis compañeros de viaje a encontrar la entrada y situarse al final de la larga fila para comprar el ticket e ingresar a la Casa. Luego regresé caminando en dirección al museo de ciencias NEMO, junto a la cual se encontraba mi barco hotel. Disfruté de estas horas en soledad bajo el sol, relajándome en la cubierta del barco y trabajando un poco también.

Por la tardecita, y hacia las 5 y media, acudí al punto de encuentro acordado con mis compañeros de viaje, junto a los que realicé un tour en bote los canales. El recorrido dura alrededor de una hora, durante la que una grabación le cuenta todo acerca de Ámsterdam en diferentes idiomas. En el paseo de nuestra elección, los idiomas eran inglés, francés y holandés. Si le interesa realizar este tipo de paseo en Ámsterdam, es recomendable caminar un poco y elegir un paseo a buen precio. En la zona sur del centro de la ciudad puede encontrar buenos tours que hasta tomarán su fotografía –aunque si la quiere deberá pagar un costo adicional-. Frente a la estación central, así como en el caso que adquiera su ticket para el paseo en barco por adelantado en un quiosco o tienda de recuerdos, el precio tenderá a ser un poco más elevado – y está estandarizado para la mayoría de los paseos. Adicionalmente, se ofrecen recorridos privados, para parejas, o con cenas o bocadillos por un costo superior.

Después de este recorrido, decidimos tomar un tour más (el tercero en el día). En esta ocasión se trató de un tour guiado nocturno por el barrio rojo, donde las seductoras trabajadoras sexuales –en sugestiva ropa interior- se exponen en las vitrinas y esperan allí a sus clientes. Durante este paseo, de dos horas de duración, aprendimos todo sobre la historia y los secretos de estas mujeres –entre las que se cuentan también los trabajadores transexuales, distinguibles por el tubo de neón azul incluido en su vitrina. Vimos además los diferentes cabarets, clubes sadomasoquistas, opciones de voyerismo para los presupuestos más ajustados y mucho más.

Para la cena, nuestra elección fue un restaurante italiano situado en una de las calles que parten de la Plaza Dam. Antes de cenar nos cruzamos con un zapato de madera gigante, un símbolo típico de Holanda que se encontraba en una esquina de la ciudad, casi como por casualidad. El zapato era lo suficientemente grande como para pararnos los tres –mis dos compañeros de viaje y yo- en su interior. Eso hicimos y tomamos la fotografía de rigor.

Después de la cena, y cansados de la larga jornada y la sucesión de tours por Ámsterdam, regresamos a nuestro hotel en el barco. Tras una ducha, llego la hora del buen descanso. Nos esperaba un largo día a la mañana siguiente.

 

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