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De Europa a Asia – un viaje a Sri Lanka

VIDA DE UNA TROTAMUNDOS

En noviembre comenzaron los primeros días de frío en Europa. Con los días volviéndose cada vez más cortos y grises, busqué una manera de escapar del invierno en febrero, mes que por lo general es muy oscuro y triste. Finalmente, encontré un vuelo de París a Sri Lanka a muy buen precio. Siendo que tengo una buena amiga de Sri Lanka, decidí reservar el vuelo.

Pasada la adrenalina de reservar un vuelo a Asia, un continente que jamás había pisado, dejé de pensar en ello hasta enero. Fue entonces que familia comenzó a preocuparse por todos los asuntos relacionados con la salud y la seguridad que afectan a Sri Lanka. Sin embargo, es difícil mantener la tranquilidad una vez lees los consejos de viaje de las embajadas, sin importar cuál sea su destino elegido, por lo que decidí tomarlo con calma. Consulté a un médico conocido sobre las precauciones de salud, y con mis amigos de aquí y de allá para consultar sobre cómo prepararme y qué llevar. Una semana antes de salir me dieron una dosis de la vacuna contra la fiebre tifoidea y comencé a tomar tabletas de vitamina B, pero de las que son solo tiamina, que es lo que ayuda al cuerpo a producir un olor particular que contribuye a repeler a los mosquitos.

A finales de enero, me fui a París, de donde tomé mi vuelo a Sri Lanka. Volé con GulfAir, una aerolínea basada en Bahréin, que resultó ser muy agradable: aviones dorados, personal amable y varias opciones de menú y de entretenimiento durante el vuelo. Tuve una escala en el concurrido aeropuerto de Bahréin, y los vuelos duraron alrededor de 5 horas cada uno, pero no hubo problemas y llegamos a Colombo a tiempo.

Para mi sorpresa, el aeropuerto internacional de Colombo es bastante grande. La segunda sorpresa tuvo lugar cuando intenté ir por la pasarela mecánica –las que ponen en los pasillos largos de los aeropuertos para agilizar las caminatas con equipaje-, sólo para darme cuenta que la pasarela del lado derecho venía hacia mí, por lo que debía tomar la de mi lado izquierdo para avanzar. “¡Qué extraño!”, pensé. ¿Tal vez era un legado del colonialismo Británico del pasado? ¿Será que conducen sus coches también del lado derecho? Confirmaría estas ideas poco más tarde en el coche de mi amiga, pero primero debía localizar mi equipaje: una mochila de mochilero.

Un funcionario del aeropuerto se me acercó mientras esperaba mi mochila junto a la cinta de equipaje. A pesar de su acento, me pareció oírlo decir algo similar a mi nombre, así que le dije si era yo. Sin embargo, cuando me preguntó “¿cuál es el nombre de tu amiga?” Pensé que era una trampa y me alejé de él. Para mi sorpresa –la tercera- recibí un mensaje de texto de mi amiga unos minutos más tarde, explicando que estaba llegando al aeropuerto y que un amigo de su hermano, que trabaja en el aeropuerto, se acercaría a ayudarme a encontrar mi mochila. De acuerdo con mi amiga, “es así como muchas cosas funcionan en Sri Lanka, es necesario conocer a alguien”. Pedí disculpas al funcionario –que resulto ser este mencionado amigo-. Él me ayudó a localizar mi mochila y dirigirme a la salida.

En Colombo, las personas que no tienen un billete de avión, deben pagar para ingresar en el aeropuerto. Mi amiga me avisó que me esperaría, por tanto, a pocos metros de la salida, frente a la oficina de correos. Eran las cuatro de la mañana y fue un poco difícil hacerme camino a través de la gran multitud que esperaba afuera. La mayoría eran hombres jóvenes y mayores buscando hacer negocio: ayudando a los turistas con su equipaje, transporte, alojamiento o buscando ser contratados como guías de turismo en Sri Lanka. Durante el vuelo había leído los consejos prácticos de mi guía de viaje donde me enteré que estas personas son conocidas como “touts” – revendedores-, dado que en su mayoría trabajan a comisión. Los hoteles, establecimientos, choferes, etc. les pagan por cada cliente que consiguen, por lo que no siempre se puede confiar 100% en sus consejos.

A su vez, probablemente por mi carácter de turista mujer extranjera sola, fui objeto de varias miradas “predadoras” y bienvenidas, pero por suerte sólo debí esperar un par de minutos hasta la llegada de mi amiga. En este tipo de situaciones, incluso si no tienes una amiga que vaya a buscarte al aeropuerto, el mejor modo de “sacarte de encima” a los “touts” que ofrecen sus servicios y consejos es decir que están a la espera del guía que ya has contratado, y luego ir a pedir información fiable a un puesto turístico oficial.

El hermano de mi amiga condujo el coche, sentado en el lado derecho como había imaginado, y nos tomó alrededor de media hora llegar a casa de mi amiga. Incluso siendo la madrugada, era una noche muy caliente, pero nada que una taza de té – un delicioso y dulce té con leche que se bebe en Sri Lanka – preparada por la mamá de mi amiga y una ducha de agua fría no pudiesen arreglar. Después de embadurnarme en repelente de insectos y de colocar de la red de mosquitos rosa –digna de una princesa- alrededor de la cama, me dispuse a descansar del largo viaje, mientras escuchaba a los pájaros despertar en los alrededores, al otro lado de las cortinas cerradas. El viaje a Sri Lanka había empezado por fin, pero yo aún no podía creer que estaba allí!

 

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