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Región central de Islandia

Región montañosa central de Islandia: una noche en el refugio de montaña

Una señal indicaba que sólo los grandes vehículos 4×4 estaban habilitados a transitar por los caminos irregulares de la región montañosa central de Islandia. El camino no estaba pavimentado, pero si estaba bien marcado; dado que es ilegal conducir fuera de las áreas designadas. Estos caminos, radiando de la carretera principal y hacia las tierras altas de centro del país, tienden a estar congelados o cubiertos de nieve durante el invierno, por lo que están abiertos sólo durante un par de meses en el verano del norte, entre junio y agosto aproximadamente. Por suerte contábamos con el vehículo indicado para transitar por allí.

El paisaje cambió radicalmente después de pasar la última granja. No había nadie viviendo allí. La tierra era levemente ondulada, con pequeñas montañas por todas partes. Era frecuente encontrar rocas de formas irregulares, con bordes redondeados y recubiertas de pequeñas plantas verdes con follaje abundante. Este era el paisaje característico de la zona. Como Onni explicaría más tarde, se trataba de trozos de antigua lava volcánica –fruto de erupciones pasadas -, que se habían enfriado una vez cayeron y estaban recubiertos de moho.

Onni condujo el coche, ascendiendo entre las montañas. En cierto punto, ya no podíamos ver nada. Había mucha niebla y el camino sólo era visible un par de metros delante de nosotros., luego todo se tornaba blanco y confuso. Así y todo, no nos fue difícil seguir el camino. Solo debimos enfocar nuestra atención en lo que Una describió como “el GPS de los viejos tiempos”: pequeñas acumulaciones de rocas en montones de cerca de un metro de altura, que en el pasado eran utilizadas por quienes transitaban estas zonas. Cada montaña tenía asignad un número, y los viajeros contaban con un mapa en que se mostraba la ubicación de cada montón numerado. De este modo, los viajeros podía orientarse cuando atravesaban la zona montañosa central de Islandia.

La idea era buena. Me recordó, en cierto modo, a la historia del cuento de hadas Hansel y Gretel. En el caso de Islandia, se solicitaba a cada viajero que colocase una nueva roca en cada montaña junto a la que transitaba. De este modo, se contrarrestaban los efectos del viento, asegurando la sustentabilidad del sistema de orientación con montañas de rocas.

Pronto encontramos el refugio de montañadonde pasaríamos la noche. Afortunadamente, no había nadie más allí, lo que nos daba cierta privacidad adicional. El costo de pasar una noche en el refugio era de 2800 coronas (aproximadamente el equivalente a 18 euros) por persona.

Las instalaciones de la cabaña – refugio eran muy básicas. Debimos caminar entre las colinas por unos 300 metros después de aparcar el coche para llegar a ella. La cabaña contaba con un anafe a gas para cocinar. Había además algunas mesas y bancos de madera, vajilla, un montón de percheros y, en la planta alta, variedad de camas amplias, con parrillas y colchones. Todo, o casi todo, era de madera. Había dos estufas que funcionaban con aceite, pero se nos olvidó llevar el aceite con nosotros –a la mañana siguiente encontraríamos una reserva de aceite bajo la escalera que conducía a la planta alta, pero no lo notamos en la oscuridad de la noche-. En el exterior, un inodoro y un lavabo también estaban disponibles, así como una mesa de picnic con dos amplios bancos.

Abrimos nuestras bolsas de dormir, y colocamos también nuestras almohadas y mantas en la planta alta, dejando todo listo para ir a la cama más tarde. Luego encendimos un montón de pequeñas velas, dado que la cabaña no contaba con electricidad. La cena, a cargo de Una y Onni, consistió en variedad de comidas típicas de Islandia: arroz endulzado con una mezcla de canela y azúcar, acompañado con pequeños trozos de un paté de hígado. Había además pan de pita y tostadas con mantequilla, sobre los que colocamos trozos de cordero ahumado, salmón crudo, bacalao seco y/o una mezcla untable de mayonesa y camarones. Para beber, habíamos llevado agua, cerveza y chocolate caliente para después de comer. Una y Onni habían hecho una excelente planificación de la comida para nuestros días de exploración en las montañas de la zona central de la isla. .

Después de la cena, nos fuimos directamente a la cama. Vestíamos ropa interior térmica: camiseta y pantalones de lana, sobre la que colocamos nuestros pijamas. Nos pusimos además calcetines y buzo de abrigo de lana sobre nuestras ropas. Luego nos acurrucamos, cada uno dentro de su saco de dormir sobre los colchones de la cabaña. Sobre cada saco pusimos una manta térmica. No había electricidad en la cabaña, pero las velas y una linterna LED fueron suficientes para poder desempacar, comer, y prepararnos antes de dormir. ¡Nos esperaba un largo día de aventuras en nuestro viaje de Islandia con recorridos por las montañas a la mañana siguiente!

 

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