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Un día en Amsterdam

Transcurrida nuestra segunda noche en el hotel barco de Amsterdam, era hora de decir adiós a este genial alojamiento. Debido que era un fin de semana largo –con un par de días feriados- no había lugar para pasar una tercera noche allí.

Luego del desayuno en la cubierta del barco, procedimos al checkout. Una visita breve a la moderna y muy divertida Biblioteca Pública de Ámsterdam –donde además, tip para viajeros, puede utilizar internet de forma gratuita – fue proseguida de nuestro depósito de las valijas en la recepción del hotel barco y partida rumbo a la Museumplein, o plaza de los museos.

Ubicada al suroeste del centro de la ciudad, y muy cercana al enorme Vondelpark, la Museumplein es una plaza rodeada de algunos de los principales museos de Ámsterdam: el Rijkmuseum, el Museo de Van Gogh y el Stedelijk Museum. Hacia allí caminamos, atravesando los canales, la Plaza de Waterloo, la Plaza de Rembrandt y el distrito de antigüedades. Demoramos unos 30 minutos en llegar a destino.

En este momento, se encontraba en la Plaza de los Museos el cartel de “I amsterdam”, que literalmente significa “Yo amsterdam” pero, utilizando los colores rojo y blanco para dar énfasis a las letras “a” y “m”, puede leerse como “I am Ámsterdam” o “Yo soy / estoy en Ámsterdam”. Es muy difícil tomar una fotografía en este cartel / escultura, que por lo general se encuentra llena de turistas, y esta vez no fue la excepción. Sin embargo, lo logramos eventualmente.

Esa mañana habíamos sacado los tickets para el Museo Van Gogh por internet, lo que nos vino muy bien, pudiendo ingresar por una fila mucho más corta y en mucho menos tiempo que si necesitásemos sacar entradas en la puerta del museo. Tras pasar por seguridad, dejamos nuestras cosas en la ropería, retiramos la audio guía que habíamos reservado por un costo adicional –nuevo pasaje por seguridad mediante – e ingresamos al museo.

En el Museo Van Gogh pueden verse pinturas correspondientes a las diferentes etapas de la vida de este famoso pintor de origen holandés, quien exploró los estilos impresionista y puntillista, así como las “japoneserías” (influencias del arte japonesa) y algo del exotismo en compañía de su amigo – y también artista – Gaugin. También se incluyen en este museo, pinturas de Gaugin y otros amigos e influencias que tuvo Van Gogh.

Un recorrido completo de este museo, con audio-guía, lleva casi cuatro horas. El recorrido sin audio-guía, si se pretende ver y leer todo, igualmente lleva unas 3 horas, dado que la gran mayoría de las pinturas son acompañadas de textos explicativos, y la gran afluencia de turistas y visitantes dificultan la lectura. En este museo no se permite tomar fotografías y hay mucho personal de seguridad supervisando que esta regla sea respetada.

Una vez culminada la visita al Museo Van Gogh, me adelanté al Rijkmuseum para comprar las entradas a mis acompañantes. Sorprendentemente, no había prácticamente espera. El RIjkmuseum se encuentra en reformas desde hace varios años, pero cuenta con una colección pequeña abierta al público. Aquí se cuenta brevemente la historia de Holanda, sus colonias y comercio vía marítima en el pasado. También se muestran varias obras de pintura holandesa y flamenca, así como el famoso cuadro de Rembrandt conocido como “La guardia nocturna” o, en inglés, “Thenightwatch”.

No visité en esta ocasión el Rijkmuseum, en que había estado muy recientemente –en una visita relámpago al Día de la Reina en Ámsterdam. Aproveché este tiempo para encontrarme con mis dos amigas de esta ciudad y disfrutar, con ellas, de un licuado y un bagel en una terraza al sol. Posteriormente, y reunidas con mis compañeros de viaje, visitamos el Mercado de Tulipanes –ya casi cerrado, pero con algunas tiendas abiertas en que comprar souvenirs y bulbos o semillas de tulipanes y otras flores-, y recorrimos el enorme Vondelpark, donde estaba la mitad de la población juvenil de Ámsterdam aprovechando el día de sol.

Tras una cerveza en la “Casa de Té Azul”, ubicada en medio del parque, tomamos el tranvía número 5 en dirección a la estación central. Desde allí caminamos hasta el hotel barco a buscar las cosas. Uno de nosotros fue a buscar el coche a las afueras de Amsterdam, dado que habíamos utilizado el parking económico en la modalidad P+R (“park and ride” o “aparca y trasládate”). Luego, con todas las maletas en el coche, y tras disfrutar del atardecer en el muelle junto al hotel barco, abandonamos Ámsterdam rumbo a nuestro hotel de esa noche en una pequeña ciudad cercana: Amstelveen.

 

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